domingo, 17 de octubre de 2010

Ser madre


Hoy tengo dos razones para escribir esto. La primera es una decisión muy importante sobre mi destino profesional y la otra una conversación y una lectura que hice sobre el tema de ser madre.

He escuchado muchas veces decir que ser madre es lo peor que puede pasarle a uno, que es renunciar a uno mismo y convertirse en esclavo de sus hijos. Es dejar sus ideales y dedicarse a darlo todo por otras personitas que ni siquiera sabemos a ciencia cierta si te retribuirán con creces el sacrificio en el futuro.

Pues para mí es diferente. Yo siento que el poder ser madre, te da la oportunidad de ver más allá de vos mismo... Cuando uno es solo uno, todo lo mide en términos de sus únicos y propios intereses y ya. Solo pensás en lo que querés hacer, dónde, cómo y cuándo.

En cambio al tener una (o varias) personitas más en tu vida, que dependen al inicio totalmente de vos para todo, se da uno como persona la oportunidad de crecer; dejar de ser egoísta, pensar en alguien más y el beneficio puro y real de ese otro.

Yo lo entiendo como la oportunidad de comprender que no soy yo el centro del mundo, que existen otros intereses, otras realidades y que son tan válidas como las mías. Que son importantes de poner en una balanza y que determinan un mayor crecimiento espiritual y personal.

Para mí, no ha existido mayor crecimiento como persona que el que he esperimentado desde que nació mi hija. El comprender que hay que considerar otras necesidades a partir de las propias, de comprender que muchas de tus costumbres cambian por satisfacer estas necesidades, te da la oportunidad de crecer, de comprender mejor al ser humano, de entregarte sinceramente a la posibilidad de ser alguien mejor, más completo, menos egoísta y m
ás satisfecho.

Al menos esa ha sido la experiencia para mí.